- TRASTORNO LECTOR -

CÓMO SOLUCIONAR LAS DIFICULTADES EN LA LECTURA Y EN LA COMPRENSIÓN DE TEXTOS EN NIÑOS Y ADOLESCENTES

TRASTORNO LECTOR

 La estimulación de la lectura es completamente eficaz antes de los diez años de edad.


Toda la gran plasticidad del cerebro se cierra a los diez años. Hasta ese momento, el pequeño cerebro está en pleno desarrollo y todo lo que aprende lo almacena rápidamente en la memoria a largo plazo.

Por eso es muy útil que los padres puedan leerles cuentos a sus hijos desde pequeños, que les deletreen palabras o les enseñen a escribir sus nombres a medida que los niños lo piden.

Con excepción de la Dislexia (Deficiencia cerebral para procesar sonidos y palabras) y el Trastorno de Déficit Atencional (imposibilidad de concentrarse en las tareas), la falta de comprensión de un texto puede ocurrir por: la falta de desarrollo de las zonas del cerebro encargadas de realizar dicha tarea o la ausencia de estimulación para desarrollar correctamente dicha función como así también la falta de fluidez en la lectura (lectura silábica). Por lo tanto, lo más importante es contar con un diagnóstico preciso y certero de los subprocesos involucrados en la lectura.

Para procesar un texto, nuestro cerebro pone en marcha múltiples funciones cognitivas en milésimas de segundo: la memoria, la atención, la percepción, el lenguaje, la lectura y el pensamiento.

A diferencia del cerebro del adulto, el cerebro del niño tiene una gran capacidad para modificarse, ya sea por estímulos externos, el aprendizaje o la maduración. Esa plasticidad en los niños pequeños ocurre por su particular desarrollo de las dendritas y los axones de las neuronas. De las dendritas salen nuevas ramas que forman una mayor cantidad de redes en el cerebro. Esto es propio de los chicos debido a su crecimiento, al aprendizaje y a los estímulos, ocurre cíclicamente en distintas zonas del cerebro, pero no durante toda la vida: el cerebro adulto podrá modificarse con estimulación externa.

En la lectura participan diecisiete zonas cerebrales. Cualquiera de ellas puede tener un déficit. Si esto ocurre, el resultado será una lectura pobre y falta de comprensión.
Alrededor del diez por ciento de los chicos que no pueden comprender un texto sencillo son disléxicos. En ellos, el entrenamiento y la ejercitación compensan la deficiencia orgánica mediante la creación de nuevas zonas que reemplazan las funciones faltantes.

En los primeros tres meses de tratamiento de estimulación neurocognitiva, los chicos logran silabear palabras y relacionar correctamente grafema y fonema, es decir, logran asociar la letra con su sonido correspondiente. La clave para lograrlo es respetar la continuidad del tratamiento y un promedio de 120 horas de estimulación para lograr una lectura fluida y comprensiva, y también consolidar la reorganización de las zonas cerebrales.

El resto de los chicos que no entienden lo que leen se ubican en dos grupos definidos: los que leen mal y los que leen bien.

En el primer caso -es decir, en el caso de los niños que presentan trastorno lector- puede existir un problema en la memoria que no les permite recordar el principio de la frase cuando llega al final, por lo que el déficit no está en la comprensión sino en la memoria a largo plazo, que les impide la asociación de ideas previas, o en la memoria operativa, que acumula la información con la que están trabajando en un momento dado.

En relación al caso de los niños que leen bien, la mayoría no presta atención a lo que lee porque en ellos está tan automatizado el proceso de lectura que se distraen, ya sea porque esa lectura no los motiva o porque perciben estímulos internos o externos más importantes.

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Susana De León - Neuropsicología cognitiva
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CÓMO SOLUCIONAR LAS DIFICULTADES EN LA LECTURA Y EN LA COMPRENSIÓN DE TEXTOS EN NIÑOS Y ADOLESCENTES
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 La estimulación de la lectura es completamente eficaz antes de los diez años de edad.


Toda la gran plasticidad del cerebro se cierra a los diez años. Hasta ese momento, el pequeño cerebro está en pleno desarrollo y todo lo que aprende lo almacena rápidamente en la memoria a largo plazo.

Por eso es muy útil que los padres puedan leerles cuentos a sus hijos desde pequeños, que les deletreen palabras o les enseñen a escribir sus nombres a medida que los niños lo piden.

Con excepción de la Dislexia (Deficiencia cerebral para procesar sonidos y palabras) y el Trastorno de Déficit Atencional (imposibilidad de concentrarse en las tareas), la falta de comprensión de un texto puede ocurrir por: la falta de desarrollo de las zonas del cerebro encargadas de realizar dicha tarea o la ausencia de estimulación para desarrollar correctamente dicha función como así también la falta de fluidez en la lectura (lectura silábica). Por lo tanto, lo más importante es contar con un diagnóstico preciso y certero de los subprocesos involucrados en la lectura.

Para procesar un texto, nuestro cerebro pone en marcha múltiples funciones cognitivas en milésimas de segundo: la memoria, la atención, la percepción, el lenguaje, la lectura y el pensamiento.

A diferencia del cerebro del adulto, el cerebro del niño tiene una gran capacidad para modificarse, ya sea por estímulos externos, el aprendizaje o la maduración. Esa plasticidad en los niños pequeños ocurre por su particular desarrollo de las dendritas y los axones de las neuronas. De las dendritas salen nuevas ramas que forman una mayor cantidad de redes en el cerebro. Esto es propio de los chicos debido a su crecimiento, al aprendizaje y a los estímulos, ocurre cíclicamente en distintas zonas del cerebro, pero no durante toda la vida: el cerebro adulto podrá modificarse con estimulación externa.

En la lectura participan diecisiete zonas cerebrales. Cualquiera de ellas puede tener un déficit. Si esto ocurre, el resultado será una lectura pobre y falta de comprensión.
Alrededor del diez por ciento de los chicos que no pueden comprender un texto sencillo son disléxicos. En ellos, el entrenamiento y la ejercitación compensan la deficiencia orgánica mediante la creación de nuevas zonas que reemplazan las funciones faltantes.

En los primeros tres meses de tratamiento de estimulación neurocognitiva, los chicos logran silabear palabras y relacionar correctamente grafema y fonema, es decir, logran asociar la letra con su sonido correspondiente. La clave para lograrlo es respetar la continuidad del tratamiento y un promedio de 120 horas de estimulación para lograr una lectura fluida y comprensiva, y también consolidar la reorganización de las zonas cerebrales.

El resto de los chicos que no entienden lo que leen se ubican en dos grupos definidos: los que leen mal y los que leen bien.

En el primer caso -es decir, en el caso de los niños que presentan trastorno lector- puede existir un problema en la memoria que no les permite recordar el principio de la frase cuando llega al final, por lo que el déficit no está en la comprensión sino en la memoria a largo plazo, que les impide la asociación de ideas previas, o en la memoria operativa, que acumula la información con la que están trabajando en un momento dado.

En relación al caso de los niños que leen bien, la mayoría no presta atención a lo que lee porque en ellos está tan automatizado el proceso de lectura que se distraen, ya sea porque esa lectura no los motiva o porque perciben estímulos internos o externos más importantes.